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La granja en la ciudad

 

Las huertas orgánicas dentro de una ciudad se están convirtiendo en una herramienta mas de autoasistencia para la gente de bajos recursos. No sólo ayudan a eliminar lugares transformados en vaciaderos de basura, sino que también, a través del esfuerzo comunitario, se logra que la gente trabaje a favor del medio ambiente.

 

L a municipalidad de la ciudad de Rosario, mediante la Secretaría de Promoción Social, ha desarrollado un programa de huertas comunitarias a través de un convenio con el Proyecto Pro huerta, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Mediante la concreción de huertas familiares, comunitarias, escolares e institucionales, es posible hacerle frente a la pobreza y a la desocupación que existe en el cordón urbano de esta urbe.

A los pobladores de los barrios mas pobres de la ciudad, como las zonas de Salladillo, Molino Blanco, La Paloma, Las Flores, la Secretaría de Acción Social de la Municipalidad les entrega desde las semillas y elementos de labranza, hasta los materiales para los cercos (alambres y postes).

 

"Las huertas comunitarias aspiran a romper políticas asistencialistas", señala Lucho Lemos, Subsecretario de Acción Social de Rosario. No se trata de entregar una caja de alimentos, sino de que la gente trabaje la tierra y la haga producir. "Ecología es una palabra reservada a ciertos lugares de altos estudios. En cambio, convirtiendo los basurales en huertas, se está haciendo ecología pura desde la práctica concreta", afirmó el Subsecretario.

Las estrategias que se ponen en juego para llevar a cabo este proyecto, se basan en el contacto cara a cara con la gente a través de promotores barriales. Se buscan personas que ya tengan algunas plantitas de cebolla, acelga o tomate, por ejemplo; en estos casos es mucho mas fácil que prenda el interés por la huerta. De esta manera, el vecino del barrio se ha convertido en un protagonista a favor del medio ambiente. A través de este programa barrial se comenzó a sanear y mejorar el ambiente.

 

Huertas por doquier

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L as huertas se realizan en terrenos fiscales o privados. La Municipalidad, mediante un decreto, exime de impuestos a los propietarios de terrenos abandonados, a cambio de que ellos los cedan para los cultivos.

En las huertas escolares, "los docentes no se limitan sólo a impartir conocimientos teóricos a través de la tiza y el pizarrón, sino que son llevados a la práctica concreta de la huerta".

Supongamos un plantel de chicos de séptimo grado.

Éstos aplicarán la matemática a través de los distintos sistemas de medidas en la determinación de los perímetros de la huerta, utilizarán conocimientos de geometría euclídea para construir los canteros, a la vez que aprenderán a usar la cinta métrica. En ciencias, como Biología, pueden comprender los mecanismos de la biología del suelo, al ver en acción a las lombrices, bichos bolita y otros tantos seres microscópicos que contribuyen a degradar los restos de materia orgánica depositados sobre el suelo y a transformarlos en un fertilizante orgánico natural, que es el compost o mantillo.

A los vecinos de los distintos barrios que llevan a cabo las huertas comunitarias, se les enseña a obtener semillas especiales, como es el caso del maíz blanco, con el que se obtiene la harina para elaborar chipá (panes de queso y almidón) o distintas tortas.

A través de Prohuerta, se busca cooperativizar dentro de los mismos barrios para producir plantas medicinales y aromáticas. También existe un proyecto que contempla la construcción de granjas ecológicas (gallinas, patos, huevos). Se busca a través de estos emprendimientos paliar en cierta forma las necesidades de alimentación de una población cada vez mas numerosa y con menos recursos para su alimentación.

Por Roberto Tassano